28 de febrero de 2026
Cuando el público fallero de Cullera pensaba que la espectacular videomapping de música y colores que alumbraba la fachada del Ayuntamiento había llegado a su punto y final, la plaza de Espanya estalló con una sorpresa inesperada: la aparición del artista King África en el balcón consistorial al ritmo de su himno festivo más internacional ‘La Bomba’. Porque «las Fallas de Cullera son la bomba», destacaba el alcalde Jordi Mayor .
Lo que parecía el cierre solemne del acto para dar paso al discurso de las falleras mayores y representantes de las 16 comisiones, se transformó en una auténtica fiesta de euforia colectiva. Miles de personas empezaron a cantar y saltar al unísono convirtiendo la plaza en una pista de baile improvisada, con un final vibrante que ha transformado la «Crida» en uno de los momentos más virales del inicio de las Fallas.
La aparición, mantenida en secreto hasta el último instante, formaba parte de una apuesta del Ayuntamiento por reforzar el carácter espectacular e innovador de est «Crida» que tenía la esencia del fuego y la explosión de sentimientos falleros como hilo conductor, combinando tecnología, narrativa visual y un golpe de efecto musical capaz de conectar con públicos de todas las edades.
Un Llamamiento que ha dado el inicio a unas Fallas para «pasarlo bomba», ha insistido el alcalde durante su intervención quien ha puesto en valor «la imagen moderna, abierta y festiva de las Fallas de Cullera», al tiempo que ha subrayado su carácter reivindicativo, lanzando un mensaje claro: «No queremos guerra en el mundo» de King África.
El fuego como metáfora vital
Este año, las falleras mayores desde el balcón se han dirigido a la ciudadanía con el fuego como hilo conductor y metáfora vital, convirtiendo «Crida» en una reflexión sobre la identidad, la emoción y el renacimiento constante del pueblo fallero. En un discurso coral protagonizado por todas las comisiones de la ciudad, el fuego se alza como símbolo de transformación, unión y esperanza: la llama que ilumina las calles, que consume lo efímero y que, después de la quema, abra siempre la puerta a un nuevo comienzo. Cullera reivindica así unas Fallas vividas con intensidad, en las que cada llama guarda una historia, y donde cada 19 de marzo una nueva promesa de volver a empezar.
